WhatsApp tiene una tasa de apertura que ningún correo electrónico puede igualar — pero eso mismo lo hace un canal que hay que tratar con cuidado: nadie quiere sentir que le están llegando mensajes genéricos sin sentido.
Las campañas que funcionan de verdad parten de segmentar: no es lo mismo escribirle a un cliente activo que a alguien que nunca volvió después de su primera cita. El mensaje, el tono y la oferta deben sentirse hechos para ESA persona, no para una lista completa.
Y el seguimiento importa tanto como el envío: una campaña sin medir quién respondió, quién agendó y quién no abrió el mensaje es una campaña a ciegas. Las plantillas aprobadas por Meta, combinadas con un buen CRM detrás, son lo que convierte un simple mensaje masivo en una estrategia real.